Sira, una mujer con vocación de ayuda a los demás

Sira proviene de un país del África subsahariana, donde era a asistente de dirección en una oficina de arquitectura y decoración. Además del diseño arquitectónico y decoración de viviendas u hoteles, “entre otros clientes, trabajábamos para el gobierno de mi país a través de licitaciones públicas. El equipo de trabajo de la empresa se encargaba del diseño arquitectónico y de la arquitectura interior de edificios de uso religioso, social y cultural promovidos por el gobierno”.

Llegó a España, a Málaga, por una reagrupación familiar. Su marido, que se encargaba de la administración de la empresa donde trabajaban ambos, había venido unos años antes al ver una mejor posibilidad de empleo. “Mi primer empleo aquí fue la limpieza de un taller con una máquina que no había utilizado nunca. Aunque tenía un contrato de dos horas diarias, de lunes a sábado, la mayoría de los días tenía que estar el doble de horas para poder finalizar el trabajo”. Además, cobraba 200 euros al mes y confiesa que le costaba mucho trabajo porque el taller era muy grande. Al acabar su jornada laboral, llegaba tarde a casa y se ponía a estudiar porque a la mañana siguiente tenía cursos de formación profesional.

Primeramente, y con el apoyo de algunas entidades sociales como Accem, hizo un curso de un año de duración en Atención sociosanitaria y, posteriormente, para obtener el certificado de profesionalidad, se preparó para obtener el título de secundaria.

Realizó trabajos de traducción en los juzgados. También hubo un tiempo que estuvo trabajando en una lavandería, donde no se sintió bien acogida: “Yo me sentía excluida. Era la única ‘morena’ y el jefe estaba muy contento conmigo porque decía que yo era muy buena trabajadora. Los compañeros pensaban que, si era la primera trabajadora negra y trabajaba mucho, iban a empezar a contratar a más personas negras como yo y les iban a quitar su trabajo”.

En un momento dado, Sira entró a trabajar temporalmente en Accem. “Hacía acompañamiento a personas como yo, migrantes, en el programa de ayuda humanitaria. Y también realizaba traducciones para el programa de atención a personas refugiadas”.

Para conseguir su puesto de trabajo actual, estuvo entregando currículos en todas las empresas en las que podía trabajar como auxiliar de ayuda a domicilio. Finalmente, una empresa la contrató y, desde hace dos años, trabaja en lo que es su vocación: “atiendo a personas con distintos grados de dependencia. Con algunas personas con un mayor grado, tengo que hacer uso de la grúa para facilitar su movilidad. En otros casos tengo que darles de comer, vestirles, pasear con ellas, acompañarles en su día a día…”

“Aunque también tengo formación como camarera de pisos, el sector de cuidados a las personas me permite desarrollar mi vocación de ayuda a los demás”, lo cual, afirma Sira, le viene de familia al ser labores muy ligadas a las que desarrollan algunos de sus familiares, en el sector sanitario.

Su trabajo le aporta muchas alegrías y su buen hacer se ve reflejado en sus usuarios, quienes, después de que haya cubierto las vacaciones de alguna compañera, “siempre piden que vuelva yo. Dicen: ‘que venga “la morena”, por favor’”. Además, está muy agradecida por la oportunidad que le ha supuesto su actual puesto: “Este empleo me aporta un gran conocimiento en lo relacionado con mi ocupación, pero también, como persona, me supone una gran satisfacción el ayudar a los demás”.

Sira sabe encontrar el lado positivo de cualquier situación, ya sea ante las dificultades o ante el lado menos amable de la vida. Sabe que lo importante es superarse y dar lo mejor de ella, siendo una de nuestras #mujeresIN.

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