“Las mujeres migrantes hemos convertido las flaquezas en fortalezas”

Verónica llegó a España, desde Ecuador, hace 20 años. “Aún era muy joven –tenía 19 años–, y no había terminado mi carrera ni me había insertado de manera formal al mercado de trabajo”, recuerda. Emigró como consecuencia de la crisis financiera que afectó al país a finales de los años 90. Al igual que muchos de sus compatriotas, buscó un futuro en otro lugar. Verónica optó por venir a España, debido a la cercanía cultural y por el idioma.

“Fue un momento muy duro para todas las personas que tuvimos que abandonar nuestra tierra y renunciar a la familia y amigos. Pero fue especialmente duro para las madres y los padres que tuvieron que desestructurar su hogar por esta separación”. Sin embargo, ella ha sabido sacar el máximo provecho de esta experiencia: “Me ha enriquecido como persona y como profesional, pues he podido experimentar este proceso desde todos los flancos: como usuaria de servicios de atención a personas inmigrantes, como miembro de asociaciones de inmigrantes y organizaciones no gubernamentales y, ahora, como técnico y coordinadora de este tipo de entidades”.

Asegura que, al principio, su andadura profesional no fue nada fácil. “Cuando llegué tuve que trabajar en la economía sumergida por falta de documentación y, por ende, de acceso a formación. He desempeñado trabajos en el sector doméstico: desde el cuidado de niños y ancianos, pasando por la limpieza (como interna y externa) y la hostelería…”. No obstante, siempre tenía presente su objetivo: seguir formándose para aspirar a su deseo laboral.

Finalmente, tras dos años, pudo ingresar en la universidad y continuar con sus estudios. “Compaginé mi formación con distintos trabajos, para asegurarme mi manutención y supervivencia, y con voluntario en varias asociaciones de atención a personas inmigrantes y de colectivos en riesgo de exclusión en general”. Poco a poco fue adquiriendo más formación y experiencia, por lo que pudo empezar a trabajar, como orientadora laboral, en estas entidades.

Aunque ya lleva trabajando 12 años en este sector, Verónica asegura que su día a día sigue siendo una enseñanza continua para ella: “Una de las mejores cosas de trabajar en el sector social, sin duda, es la gente que vas conociendo en el camino. Siempre me he rodeado de gente buena y muy profesional de la que he aprendido y sigo aprendiendo mucho. Siempre hay algo que aprender y aplicar al trabajo diario”.

Hay muchas historias y mucho talento por descubrir en las mujeres inmigrantes

Para Verónica, lo más duro de ser migrante no ha sido vivir en un país distinto, sino dejar de vivir en el suyo y salir adelante. “Yo he podido hacerlo gracias a mi familia y amigos y todas las personas que han formado parte de mi historia personal. Al final soy una mujer inmigrante que, como muchas, ha sufrido, soñado y se ha reinventado. Hemos convertido las flaquezas en fortalezas y la distancia en motivación para salir adelante”.

“Hay muchas historias por ver y mucho talento por descubrir que merecen ser conocidos. Hay que apostar y promover iniciativas que visibilicen el papel, aporte y valía de la mujer inmigrante en la sociedad de acogida”.

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